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sábado, 20 de julio de 2019

Los medios no nos pertenecen

El surgimiento de las nuevas tecnologías permitió la creación de los más diversos relatos. Siempre existieron, pero hoy en día resulta más sencillo dar credibilidad a cada historia, independientemente esta sea real o un relato de ficción. El surgimiento de las Fake News es un claro ejemplo de ello. Como usuarios de redes muchos hemos viralizado o visto cómo se comparten miles de historias sin verificación alguna. Hemos visto el video de transeúntes golpeando a personas sin hogar, con su fuerte crítica a la inacción de nuestra policía, o el gobierno de la Ciudad, cuando ese video transcurría en Brasil. Nos indignamos con el hombre que quiso bañar sus testículos en oro, o con las baterías de celulares con micrófonos ocultos por el FBI. Pero todas esas “noticias” eran falsas. La historia nos ha brindado muchas construcciones que fueron replicadas con ayuda de los medios de comunicación. En la actualidad entendemos que los medios no son una mera herramienta informativa, sino que en muchos casos son los defensores del Poder, y cuando esa no es la intención, adaptados a los tiempos que corren y las nuevas reglas de juego, son funcionales. Si se exige inmediatez, el no chequear fuentes, por ejemplo, permite que el relato de los grupos concentrados siga su curso. Así son pocos los casos documentados en los cuales los medios se hayan destacado realmente como un contrapoder. Y en todo caso la pregunta radica en ¿Contrapoder de quién? Si entendemos al contrapoder como una estructura que lucha contra las irregularidades que se dan en el Estado, este rol ha sido el más destacado. Ahora bien, si nos referimos al accionar frente a los centros de Poder, el papel de los medios es acompañar. Y a pesar de la posibilidad de tomar un rol combativo y de defensa a los intereses de las mayorías, todos los cambios que se dieron con la llegada de la globalización generaron las condiciones perfectas para que los comunicadores sean funcionales a los grupos hegemónicos. Porque ya no hablamos del poder de turno, de un partido político o del presidente de Estados Unidos, hoy nos referimos a la suma de varios poderes que forman parte de un todo: El Establishment. Con alcance global, capaz de concentrar Medios, pertenecer a gobiernos influyentes, tener en sus manos la Banca, ser dueño de grandes empresas y corporaciones, este grupo concentra más poder que nadie, y su mayor zona de influencia se encuentra en los países subdesarrollados. La tecnología tiene un rol fundamental en la influencia de ese grupo, que, acotado, tiene la potestad de desprestigiar gobiernos, empresas o asociaciones que no sean funcionales a sus intereses. Un claro ejemplo de este poder es la censura acerca del calvario vivido por Julián Assange, quien fuera conocido por sus denuncias a través de WikiLeaks. Los medios más reconocidos tuvieron acceso al informe realizado por la ONU que relató las torturas vividas por el periodista, pero decidieron callar. En consecuencia, los Medios no nos pertenecen. Tampoco los medios nuevos mal llamados del “periodismo militante”. Porque ya sea de una u otra manera, porque la función que han adquirido es la de brindar relatos y silencios. Especialización en Periodismo Digital Hacia la democratización de la información En las últimas décadas el avance tecnológico nos permitió pensar en nuevas posibilidades de enseñar, informarnos, y acortar las brechas. En nuestro país, la explosión de los teléfonos móviles incentivó que nos adaptáramos a esta nueva realidad: Cuándo la tecnología llega es imposible silenciarla. Lo que resulta paradójico es que la tecnología no fue creada para servir a todos, sino a grupos minoritarios de poder. Y, aun así, en la concepción capitalista, la ampliación de mercados siempre fue un eje a trabajar, lo que permite que aún tardíamente, estas herramientas sean accesibles de una u otra forma. Y en su lógica, los grupos hegemónicos desarrollan varias tareas a la vez: Primero mantener el dominio de la información, luego construir una cultura global. Bajo la lógica del mercado es necesario diferenciar los consumidores, pero a la vez ser capaces de segmentar. Los medios masivos tienen un rol fundamental en la reproducción de esa lógica. Hay pocos lugares de sentido donde esa ideología queda por momentos congelada: La Escuela. Sin embargo, las bases que dieron origen a ese espacio hoy están en un proceso de transformación. En nuestro país la obligatoriedad de la educación primaria sentaba sus bases en la necesidad de una construir una identidad nacional. Hoy se habla de una identidad Latinoamericana o sudamericana, y cosmopolita. Esta idea compartida con muchos países vecinos es casi la réplica de aquella que tuvo Europa hace mas de 50 años, y que profundizó en los 90s con la UE. Como la tecnología, esa idea llegó tarde. Ahora bien, estos debates lejos de ser irracionales son necesarios. Porque cada herramienta puede contar con varios usos distintos, la creación de una identidad que extienda las fronteras puede permitir distinguirnos de los grupos de poder o bien creer, erróneamente, que el Establishment va a compartir sus beneficios con nosotros. Y en esta discusión son necesarios varios actores que hoy están por fuera de los centros hegemónicos de poder: El Poder político (que no siempre participa del establishment), la educación y aquellos periodistas que no responden a las grandes corporaciones mediáticas, ni responden ideológicamente a la idea de la globalización. Si ese debate fuera bien llevado a cabo, seríamos capaces de integrar la tecnología a la vida cotidiana, introducirla en las aulas, ampliar las nuevas concepciones tal como el MOJO (Móvil Journalist), y sacar provecho de cada posibilidad técnica para revertir la concentración de ese aparato ideológico dominante. Finalmente, es posible hacer uso de estas herramientas para la construcción de una democracia de la información, a partir de la formación de los futuros periodistas y de la escuela. Las consecuencias de la globalización, tal como la exclusión social y la falta de empleo; son posibles de revertir. Tenemos la oportunidad y las herramientas para crear nuevas identidades que nos permitan reconocer al otro como un igual, democratizar realmente Internet y construir una verdadera Sociedad de Conocimiento. Por consiguiente, se puede instaurar un nuevo paradigma. Cuando el consumidor deje el rol pasivo y empiece a indagar, la educación nos enseñe a ser agentes de un cambio, y el pensamiento se transforme a partir del conocimiento, romper algunas normas establecidas será obligatorio. Y en ese momento los centros de Poder no serán un problema.

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