El surgimiento de las nuevas tecnologías permitió la creación de los más diversos
relatos. Siempre existieron, pero hoy en día resulta más sencillo dar credibilidad a
cada historia, independientemente esta sea real o un relato de ficción.
El surgimiento de las Fake News es un claro ejemplo de ello. Como usuarios de redes
muchos hemos viralizado o visto cómo se comparten miles de historias sin verificación
alguna. Hemos visto el video de transeúntes golpeando a personas sin hogar, con su
fuerte crítica a la inacción de nuestra policía, o el gobierno de la Ciudad, cuando ese
video transcurría en Brasil. Nos indignamos con el hombre que quiso bañar sus
testículos en oro, o con las baterías de celulares con micrófonos ocultos por el FBI.
Pero todas esas “noticias” eran falsas.
La historia nos ha brindado muchas construcciones que fueron replicadas con ayuda
de los medios de comunicación. En la actualidad entendemos que los medios no son
una mera herramienta informativa, sino que en muchos casos son los defensores del
Poder, y cuando esa no es la intención, adaptados a los tiempos que corren y las
nuevas reglas de juego, son funcionales. Si se exige inmediatez, el no chequear
fuentes, por ejemplo, permite que el relato de los grupos concentrados siga su curso.
Así son pocos los casos documentados en los cuales los medios se hayan destacado
realmente como un contrapoder. Y en todo caso la pregunta radica en ¿Contrapoder
de quién?
Si entendemos al contrapoder como una estructura que lucha contra las
irregularidades que se dan en el Estado, este rol ha sido el más destacado. Ahora
bien, si nos referimos al accionar frente a los centros de Poder, el papel de los medios
es acompañar. Y a pesar de la posibilidad de tomar un rol combativo y de defensa a
los intereses de las mayorías, todos los cambios que se dieron con la llegada de la
globalización generaron las condiciones perfectas para que los comunicadores sean
funcionales a los grupos hegemónicos. Porque ya no hablamos del poder de turno, de
un partido político o del presidente de Estados Unidos, hoy nos referimos a la suma de
varios poderes que forman parte de un todo: El Establishment.
Con alcance global, capaz de concentrar Medios, pertenecer a gobiernos influyentes,
tener en sus manos la Banca, ser dueño de grandes empresas y corporaciones, este
grupo concentra más poder que nadie, y su mayor zona de influencia se encuentra en
los países subdesarrollados.
La tecnología tiene un rol fundamental en la influencia de ese grupo, que, acotado,
tiene la potestad de desprestigiar gobiernos, empresas o asociaciones que no sean
funcionales a sus intereses. Un claro ejemplo de este poder es la censura acerca del
calvario vivido por Julián Assange, quien fuera conocido por sus denuncias a través de
WikiLeaks. Los medios más reconocidos tuvieron acceso al informe realizado por la
ONU que relató las torturas vividas por el periodista, pero decidieron callar.
En consecuencia, los Medios no nos pertenecen. Tampoco los medios nuevos mal
llamados del “periodismo militante”. Porque ya sea de una u otra manera, porque la
función que han adquirido es la de brindar relatos y silencios.
Especialización en Periodismo Digital
Hacia la democratización de la información
En las últimas décadas el avance tecnológico nos permitió pensar en nuevas
posibilidades de enseñar, informarnos, y acortar las brechas. En nuestro país, la
explosión de los teléfonos móviles incentivó que nos adaptáramos a esta nueva
realidad: Cuándo la tecnología llega es imposible silenciarla.
Lo que resulta paradójico es que la tecnología no fue creada para servir a todos, sino a
grupos minoritarios de poder. Y, aun así, en la concepción capitalista, la ampliación de
mercados siempre fue un eje a trabajar, lo que permite que aún tardíamente, estas
herramientas sean accesibles de una u otra forma.
Y en su lógica, los grupos hegemónicos desarrollan varias tareas a la vez: Primero
mantener el dominio de la información, luego construir una cultura global. Bajo la
lógica del mercado es necesario diferenciar los consumidores, pero a la vez ser
capaces de segmentar. Los medios masivos tienen un rol fundamental en la
reproducción de esa lógica.
Hay pocos lugares de sentido donde esa ideología queda por momentos congelada:
La Escuela. Sin embargo, las bases que dieron origen a ese espacio hoy están en un
proceso de transformación. En nuestro país la obligatoriedad de la educación primaria
sentaba sus bases en la necesidad de una construir una identidad nacional. Hoy se
habla de una identidad Latinoamericana o sudamericana, y cosmopolita. Esta idea
compartida con muchos países vecinos es casi la réplica de aquella que tuvo Europa
hace mas de 50 años, y que profundizó en los 90s con la UE. Como la tecnología, esa
idea llegó tarde.
Ahora bien, estos debates lejos de ser irracionales son necesarios. Porque cada
herramienta puede contar con varios usos distintos, la creación de una identidad que
extienda las fronteras puede permitir distinguirnos de los grupos de poder o bien creer,
erróneamente, que el Establishment va a compartir sus beneficios con nosotros.
Y en esta discusión son necesarios varios actores que hoy están por fuera de los
centros hegemónicos de poder: El Poder político (que no siempre participa del
establishment), la educación y aquellos periodistas que no responden a las grandes
corporaciones mediáticas, ni responden ideológicamente a la idea de la globalización.
Si ese debate fuera bien llevado a cabo, seríamos capaces de integrar la tecnología a
la vida cotidiana, introducirla en las aulas, ampliar las nuevas concepciones tal como el
MOJO (Móvil Journalist), y sacar provecho de cada posibilidad técnica para revertir la
concentración de ese aparato ideológico dominante.
Finalmente, es posible hacer uso de estas herramientas para la construcción de una
democracia de la información, a partir de la formación de los futuros periodistas y de la
escuela. Las consecuencias de la globalización, tal como la exclusión social y la falta
de empleo; son posibles de revertir. Tenemos la oportunidad y las herramientas para
crear nuevas identidades que nos permitan reconocer al otro como un igual,
democratizar realmente Internet y construir una verdadera Sociedad de Conocimiento.
Por consiguiente, se puede instaurar un nuevo paradigma. Cuando el consumidor deje
el rol pasivo y empiece a indagar, la educación nos enseñe a ser agentes de un
cambio, y el pensamiento se transforme a partir del conocimiento, romper algunas
normas establecidas será obligatorio. Y en ese momento los centros de Poder no
serán un problema.
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